CAPITULO 5

Al norte de la ciudad de Loja, en la confluencia de los ríos Malacatos y Zamora, El 24 de junio, como día del Santo Patrón, se celebraban allí unas fiestas en que siempre a los indios les tocaba la peor parte, pues sus gustos se reducían a trabajar para que los blancos de la ciudad se divirtieran.

Había misa solemne, procesión y corrida de gallos, la gente aguardaba con avidez la hora del espectáculo de los gallos, estaba un gallo vivo atado flojamente de las patas, los caballeros que entraban en la liza, se colocaban a distancia de veinte metros de esa horca o columpio, donde el gallo subía y bajaba según templaban o aflojaban el cordel los que estaban al lado de la polea

Al empezar la segunda corrida, cuando se presentó Rosaura en un brioso corcel blanco, con largo vestido azul, produjo una sorpresa animadora: arrancar un gallo y se le obsequia a una india anciana, al ganar por segunda vez un mozo grosero le arrebata el gallo y se formó un conflicto hasta que por voz de ella de detuvieron, para luego ser conducida al convento; se vendó la herida y se hizo la protagonista de una ruidosa juerga. Ella Habitaba una casita en la calle de San Agustín, suele escribir con frecuencias, llorar en secreto y ahogarlo con placeres es cuanto puede narrar acerca de su vida privada, aunque ciertamente, no tiene una vida privada, pues hasta los mínimos incidentes de su casa se dan a conocer a los pobladores.

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